Discurso del Embajador de Israel, Daniel Kutner, en la recepción celebrada con motivo del 70 aniversario del Estado de Israel

 

Queridos amigos,

Shirley y yo estamos encantados de teneros esta tarde con nosotros, para celebrar el septuagésimo aniversario de la creación del Estado de Israel.

Este año queremos hacer algo distinto, algo especial. Como veis hemos cambiado de lugar y de hora, y nos estamos esforzando para crear un ambiente de calle israelí, de mercado, o como lo llamamos nosotros, de shuk.

Quiero agradecer a personas y entes que esta vez nos ayudaron a montar este evento especial: la Federación de Comunidades Judías de España, la Fundación Don Juan de Borbón España Israel, El Al, el Grupo Sparber, Inti Business SL, el Keren Hayesod, Guardian Defense and Homeland Security, y también a otros patrocinadores que prefieren permanecer en el anonimato. A todos les estamos muy agradecidos.

Quiero contaros que ameniza hoy nuestra recepción una de las mejores bandas de jazz israelí, el Trío Shai Feldman, que vino especialmente de Israel para la ocasión. Shai es un músico internacionalmente reconocido por su espectacular técnica y está acompañado por Omri Abramov en el saxo y por Ram Erez en el contrabajo. Los tres nos deleitarán con las notas de jazz al más puro estilo Tel Aviv.

El catering de esta tarde fue preparado por tres maestros: el chef español Ramon Freixa y los chefs israelíes Ilan Garusi y Elias Mattar.

Los israelíes, como los españoles, atribuimos a la comida un lugar central en nuestra vida. En nuestras celebraciones, nos reunimos para comer; en nuestra aflicción, nos reunimos para comer. Familia, amigos, comida, sobremesa: la esencia de nuestra vida, a ambos extremos del Mediterráneo. Para nosotros, la comida es una metáfora de la vida.( soto voce: No profundizaremos en el tema para evitar que os quedéis dormidos en pie, pero recordad el asunto de la metáfora).

Así es como la contribucíon del chef Freixa, con sus platos, los más castizos de la cocina española pero de especial marca mediterránea, simboliza, metafóricamente, las relaciones de Israel con España.

Israel y España establecieron formalmente relaciones diplomáticas solo 32 años atrás, pero estas tienen raíces profundísimas, en los 1.500 años de presencia judía en Iberia, trágicamente interrumpidas por el edicto de expulsión en 1492. Hoy en día la comunidad judía española, renovada, vital y ya centenaria, provee una dimensión enriquecedora a las relaciones entre ambos países.

Hace unos meses tuvo lugar la visita a España del Presidente del Estado de Israel, Don Rubi Rivlin, su Sra. esposa y una comitiva tan honorable como diversa: una ministra, una investigadora laureada con el Premio Nobel, el Gran Rabino Sefaradí de Israel y los líderes de varias comunidades de Israel: drusos, musulmanes y cristianos, entre otras personalidades. El Reino de España los recibió con todos los honores de una visita de Estado, generalmente reservados a los países más cercanos de la órbita hispana. Fue un gesto de amistad muy apreciado y sintomático de la calidez que ambos queremos que caracterice la relación entre nuestros dos países.

No es que estemos de acuerdo en todo. Pero como buenos amigos tenemos un excelente diálogo que estamos ampliando y profundizando aún más, para entendernos aún mejor.

Los dos chefs israelíes, representan metafóricamente la diversidad de nuestra sociedad y nuestra cultura. El chef Ilan Garusi es “el rey de las noches de Jerusalén”. Degustar su comida es toda una experiencia.

Lo acompaña el chef Elías Mattar, de la ciudad de Nazaret, que ha convertido la cocina árabe en “la” tendencia en todo Israel, incorporando también las tradiciones culinarias de Siria y Líbano.

Así que, queridos amigos, los bocados que probaréis no son solo delicias para el paladar, sino que son metáforas, de lo que es la sociedad israelí: una síntesis innovadora, hasta revolucionaria, pero con profundas raíces en la tradición. Y no solo una tradición sino la confluencia de distintas influencias que nuestra población ha traído de todo el mundo judío: desde Marruecos en Occidente hasta Persia en el Oriente, y pasando por Ashkenaz, el centro y este europeo y el mundo sefaradí de los Balcanes y Turquía. Por supuesto, todo esto pasado por el filtro de las condiciones de nuestra Tierra de Israel y su vecindario gastronómico, sus sabores y sus especias, pues lo local y lo cercano tienen siempre preponderancia.

Todo ello, Sras. y Sres. en cada bocado que probaréis.

Pues la gastronomía es el reflejo de nuestra sociedad, en toda su variedad. Los israelíes somos de todos los gustos, colores y tamaños: judíos de distintos orígenes, musulmanes, cristianos, occidentales, orientales y africanos. Esa variedad la celebramos hoy en nuestros setenta años. La verdadera unidad en la diversidad.

Hoy, en nuestra celebración de nuestra Independencia, se nos permite alardear un poco de nuestros logros ( ya que durante el resto del año somos más humildes 😉 ) .

Queridos amigos,

Hace setenta años, éramos aproximadamente 800 mil habitantes. Hoy somos más de 8.600.000. Éramos un país pobre en la mitad de una guerra. El ingreso per cápita era de apenas 5.000 dólares. Hoy en día llega a 40.000, cerca de la media de los países de la OCDE. Todo esto se logró al tiempo que absorbíamos sucesivas olas de refugiados: sobrevivientes del Holocausto al principio, luego judíos de los países árabes que tuvieron que abandonar sus antiquísimas comunidades.

Entonces, estábamos extremadamente orgullosos de nuestras exportaciones de naranjas. Hoy tenemos una economía orientada a la exportación, de la cual más del 40% son bienes y servicios de alta tecnología. Nos llaman la Nación Start Up y nuestro modelo de impulso a la innovación y el emprendimiento despierta la curiosidad de gobiernos y empresarios.

Nuestras universidades son motivo de orgullo y los descubrimientos que se originan en ellas alimentan al ecosistema de innovación. En los últimos 18 años israelíes han ganado 6 premios Nobel de química y dos de economía.No está mal para un país pequeño como el nuestro, ¿verdad?

Pero no podemos darnos el lujo de dormirnos en laureles. Como todos los países, tenemos nuestros desafíos, tanto internos como externos. Debemos seguir luchando para que los beneficios de la economía de alta tecnología se expandan a la sociedad toda, tenemos que seguir cerrando la brecha entre centro y periferia, y para fortalecer los sectores más desfavorecidos.

Tenemos también que proteger nuestra democracia del caos en que está sumido nuestro entorno geoestratégico, hacer frente a Irán y sus aliados regionales, mantener al yihadismo fuera de nuestras fronteras, protegernos de la amenaza de los cohetes de Hezbolá desde el Líbano y Siria y de Hamás en la Franja de Gaza.

Israel seguirá su persecución de la paz, que es un anhelo de nuestro pueblo desde su creación. Una paz que asegure la seguridad de nuestros ciudadanos, de todas las religiones.

Ese es nuestro sueño para los próximos 70 años:

Un país que viva en paz con sus vecinos

Un país que mantenga sus valores democráticos, aún ante peligros y desafíos externos e internos

Un país que sea una “luz para las naciones”, según la profecía bíblica: un país del que emane sabiduría y arte y conocimiento, para beneficio de toda la humanidad.

Un país, en fin, que sea refugio seguro para todos los judíos perseguidos, y para todos aquellos que quieran participar en la gran aventura de la reconstrucción de la nación judía en su patria histórica, para que nunca más esté nuestro pueblo sometido a los caprichos de tiranos y perseguidores. Para que sea dueña de su propio destino.

Así que hoy, con un ojo en el pasado, pero mirando hacia el futuro, hacemos nuestros votos para que los próximos setenta años sean aún más maravillosos que los pasados.

¡Viva la amistad entre los pueblos de Israel y de España!

Daniel Kutner, Embajador de Israel en España

 

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