Viaje de Yona a Israel

A la vuelta de Taglit…

Este viaje increíble llega a su fin y todo lo que escriba se quedará corto para expresar todo lo que hemos aprendido y todo lo que hemos sentido en estos 10 días. Es sin duda el mejor regalo que me han hecho en mi vida, la oportunidad de visitar un país maravilloso con un grupo de personas con las que al principio sólo compartía el “derecho del nacimiento” pero con las que ahora comparto infinitas experiencias y mucho amor. Siento que ahora mi misión es contar un poco de todo lo que he aprendido para estar a la altura de este regalo.
Sé que hablar de Israel en nuestro mundo, desgraciadamente, es hablar de política, y no es lo que quiero transmitir en este momento. Sólo me encantaría que el mundo entero supiese que es un país que quiere paz y que siempre la ha querido, que sólo quiere existir y dejar de ser atacado para que al fin los judíos puedan vivir protegidos en un mundo en el que siempre han sido perseguidos.
Personalmente, me he sentido como en casa a pesar de no entender el idioma y estar lejos de mi familia, y sin duda volveré todas las veces que pueda. Israel se ha quedado con un pedacito de mi corazón.
Por otra parte, lo que le ha dado sentido a esta experiencia son las personas. Tanto las personas con las que empecé esta experiencia en Madrid hace 10 días como a las que hemos ido conociendo a lo largo del viaje, y especialmente los soldados con los que hemos convivido 5 días.
La palabra soldado no define lo que son. Son personas de nuestra edad con sueños, familias, experiencias y esperanzas. Son personas increíblemente fuertes para ser tan jóvenes y que sufren lo que nadie debería sufrir sólo para que su país pueda existir. Todos los que hemos participado en este viaje coincidimos en que son héroes y ahora tenemos la suerte de tenerlos como amigos.
Vuelvo a casa con infinitos recuerdos, y amigos para toda la vida. En estos días hemos aprendido, nos hemos reído muchísimo, pero sobre todo nos hemos emocionado todos juntos y creo que no exagero al decir que cada uno de nosotros ha soltado al menos un par de lágrimas.
Estoy convencida de que esto sólo es el principio y que ni la distancia ni el tiempo serán capaces de destruir las uniones que taglit ha creado.
A todos los que me dijeron “es el viaje de tu vida”, sólo puedo decir que no me imaginaba hasta qué punto iba a ser cierto.
A los que han hecho que todo esto haya sido posible, nunca os lo agradeceré lo suficiente.
Por último, quiero compartir una frase que me ha marcado y que para mí dice una gran verdad.
“En Israel, quien no cree en milagros no es realista.”

También te podría gustar...